Sólo vos podés moverla
Cada envío que sale lo firmás vos, de tu lado. No existe ningún arreglo por el cual el panel mueva tu plata por vos, ni automático ni de ningún otro tipo.
AgPOS es un panel para tu comercio. Vos armás el cobro, el cliente escanea un QR que ya trae el monto, y el pago aparece al lado de la venta. Cualquiera de tu equipo puede cobrar sin tocar la billetera, y la plata va a tu billetera, no a la nuestra.
Un local que acepta cripto lo hace con lo que tiene: una dirección larguísima leída de un papel, un QR pegado al lado de la caja, o una captura mandada por WhatsApp. Funciona, más o menos. Lo que cuesta es que las decisiones importantes quedan en manos del cliente, parado frente a la caja con gente atrás, y los problemas quedan para vos, después.
La billetera es tuya y está en tu teléfono. Si no estás, no se cobra en cripto. Y no podés estar en la caja todo el día.
Un número de más o de menos y te quedás corto, o devolviendo a mano. Te enterás cuando ya se fue.
La misma moneda puede viajar por varios caminos. Si manda por el equivocado, la plata no vuelve como volvería una transferencia bancaria. Es la parte que da miedo, y con razón.
Al final del día tenés una lista de pagos y una lista de ventas, y cruzarlas es un trabajo a mano, de memoria. Al contador le llega un enredo.
El monto, la dirección y la red se deciden de tu lado, donde está la venta, y viajan adentro del QR. La billetera del cliente lee las tres cosas. No tiene nada que tipear y nada que elegir.
Ponés el importe en pesos, el panel arma el código para esa venta y lo mostrás en la pantalla que ya tenés. El cliente escanea con su billetera, y el monto, la red y la dirección van adentro.
Sumás a las personas que trabajan con vos y cada una confirma un cobro con la huella o la cara de su propio teléfono, desde el navegador. Nadie comparte una contraseña. Nadie tiene tus claves.
El panel lee la cadena y te muestra cada pago cuando llega: cuánto, en qué, por qué red, y a qué venta corresponde. No hay que esperar a nadie ni revisar una app aparte.
Elegís qué cotización usar para pasar de pesos a cripto y la ajustás cuando quieras. El panel la aplica en cada cobro y la deja anotada en la venta.
Podés ofrecer un porcentaje de descuento a quien paga en cripto. Lo activás o lo sacás cuando quieras, y queda registrado en cada venta para que las cuentas cierren.
Cada cobro queda con fecha, importe, quién lo hizo y a qué venta corresponde. Lo bajás en una planilla que tu contador abre sin que nadie le explique nada.
Los pagos van de la billetera de tu cliente a la tuya. No pasan por Argentum en el camino, Argentum no los guarda ni un segundo y no los convierte. Esto no es una política que podamos cambiar en silencio más adelante: el panel no tiene ninguna clave tuya. Lee lo que llegó a las direcciones que vos le diste y te lo muestra. No puede firmar nada, así que no puede mover nada.
Pasar una parte a pesos es otra cosa, y es una actividad regulada. La hace un socio con licencia para hacerlo, no Argentum. Vos le mandás lo que querés convertir, firmando desde tu propia billetera, y el socio te acredita los pesos en tu cuenta. Elegís cuándo, y elegís cuánto.
Cada envío que sale lo firmás vos, de tu lado. No existe ningún arreglo por el cual el panel mueva tu plata por vos, ni automático ni de ningún otro tipo.
La mayoría quiere pesos para lo que tiene que pagar esta semana y deja el resto quieto. Convertir de a montos chicos cuesta más en comisiones de lo que vale, así que el panel te muestra los números y vos decidís.
Recibir la plata de un comercio y pasársela a otro lado exige licencias, distintas en cada país. Argentum no las tiene ni las va a pedir. Hacemos software.
Argentum no recibe, no guarda, no mueve ni convierte la plata de tu comercio, y no está hecho para hacerlo. Lo que hacemos es el panel, el QR de cobro y los reportes.
Es el mismo compromiso sobre el que está construida la billetera de Argentum. Está escrito acá para que nunca pueda presentarse después como una limitación que descubrimos en el camino. Describe nuestra posición y no es asesoramiento legal para nadie.
Es la primera pregunta que hace un dueño cuando entiende que su equipo va a poder cobrar sin que él esté delante. Y la primera parte de la respuesta es la incómoda: nada de esto impide que alguien cobre por fuera, igual que nada impide cobrar en efectivo y no anotarlo. AgPOS no detecta fraude ni lo previene, y no te vamos a decir que sí.
Lo que hace es dejar señales mientras se cobra y números al cerrar, para que vos compares con lo que ya sabés de tu local. Es cuadrar la caja: lo mismo que hacés con el Postnet y el efectivo. Son seis cosas, y ninguna alcanza sola.
Quien genera el QR lo firma con la huella de su propio teléfono, en ese momento. Su nombre queda pegado al cobro: en la pantalla, en el reporte del mes y en la planilla que abre tu contador.
Cada persona entra con la huella de su teléfono, sin contraseñas compartidas y sin tocar tu billetera. Le sacás el acceso cuando quieras y deja de poder cobrar en el acto; lo que ya cobró queda en la historia, con su nombre.
El código lleva el nombre de tu comercio en el centro, como las apps de pago que tus clientes ya usan. Uno que no es el tuyo se ve distinto desde el otro lado del mostrador, sin que nadie tenga que leer nada.
El QR se muestra sobre un marco de color, y en tu panel ves cuál va en ese momento. Cambia con cada cobro y no se deduce del anterior: para saber el color de un cobro hay que generar ese cobro. Son seis colores, cada uno con su nombre escrito al lado.
La jornada la cerrás vos, no la medianoche. El cierre te da el total que cobró AgPOS desde el cierre anterior, por persona, por moneda y por red: eso es lo que comparás con tu sistema de ventas. Un cierre hecho no se edita ni se borra.
Una pantalla grande con los cobros entrando y, arriba de todo, qué se está mostrando en este momento y de qué color. No hay que mirarla: la jornada se arma igual aunque nadie la mire.
Ninguna señal sola prueba nada, y por eso no hay una sola. Lo que las hace útiles es que para que una parezca normal hay que dejar rastro en otra.
No lleva el nombre de tu comercio en el centro, y el marco no tiene el color que vos estás viendo en el panel en ese momento. Dos cosas que se notan de lejos, sin interrumpir a nadie.
Para saber qué color le toca a un cobro hay que generarlo de verdad en AgPOS. Un cobro generado que después nadie paga vence, y queda contado en el día. Un vencido no prueba nada —los clientes cambian de idea todo el tiempo—, pero muchos sin explicación son algo para mirar.
Cuando nadie está mostrando un QR de AgPOS, la vista en vivo lo dice con todas las letras: ninguna pantalla de cobro abierta. Si en ese momento hay un cliente escaneando algo en tu local, eso no salió de acá.
Lo que no se ve en el momento aparece en la comparación con tu sistema de ventas. Los cobros no los escribe el panel: los lee de la cadena, donde ya no los cambia nadie, tampoco nosotros.
Nada de esto impide que alguien cobre por fuera de AgPOS. Lo que hace es que sea difícil de sostener y fácil de notar: imitar una señal obliga a dejar rastro en otra, y al final del día están los números para comparar.
El panel no acusa a nadie y no está hecho para eso: no compara pantallas, no señala personas y no decide si algo estuvo bien o mal. Un número que sube sin explicación es algo para mirar, no una prueba de nada. Las señales están para que tengas con qué comparar; la conclusión es tuya.
El panel se abre desde el navegador, en el teléfono o en la computadora del local. Tu equipo entra desde su propio teléfono. No hace falta comprar ningún aparato.
Esto no es una compra ni una reserva: es una conversación. Nos contás qué tenés, cómo cobrás hoy y qué te gustaría resolver, y vemos juntos si AgPOS te sirve. Sin compromiso y sin costo por preguntar.
Si preferís escribirnos directo: support@argentumhq.com.
Nos llegó tu contacto. Te vamos a escribir para conocer tu local y ver si AgPOS te sirve.
Mientras tanto, si querés adelantarnos algo: support@argentumhq.com.